Lunes gris en el Perú. La bruma de la división, de los odios y los resentimientos nos nubla la mirada y nos puede llevar a la peor decisión. Hagamos lo necesario para que no sea el comienzo de la misma oscuridad otra vez.
A pesar de lo que pueda parecerle a algunos, no estoy haciendo un comentario fatalista pues no pretendo predecir el futuro sino solo describir el presente y la posibilidad que se está presagiando. No es tampoco un juicio partidario, porque creo que está dirigido a todos los que queremos un país mejor, más justo, más amplio, más generoso; y ese anhelo, lo sé, corta a través de todos los partidos. Es más bien una descripción de cómo percibo el hecho Nacional.
Y es que si el Perú estaba sintiéndose iluminado y lleno de energías positivas hace tan poco, con tantos grandes éxitos en el mundo, esa luz que empezaba a brillar está a punto de ser eclipsada por nuestras propias oscuridades: por nuestra incomprensión del otro, nuestra incapacidad de escucharnos sin discriminar al que es (o piensa) diferente o nuestro deseo de destruirlo. Nuestra resistencia tan visceral al que es Otro es tan grande que nos lleva a ver la diferencia de ideales como una afrenta o, peor aun, como una razón para cometer un crimen.
Ser democrático quiere decir: reconocer al otro como persona siempre más allá de sus creencias, especialmente ahí donde son más distintas de las nuestras. Ser democrático no es fácil; pero lo contrario sí es la ignorancia.
Tanta gente está ahora afirmando con la misma desesperación del escorpión cuando se ve rodeado de fuego, que ahora votarán por Keiko porque “todos los gobiernos son corruptos”. A todos ellos les digo que tengan cuidado que su remedio no vaya a ser como el del escorpión. Si no quieren recordar la diferencia, o si su propia comodidad pesa más que la verdad y por lo tanto no la reconocen, entonces es el momento de reflexionar acerca de lo que el país muestra acerca de la forma cómo hemos estado viviendo y de lo que viviendo así hemos estado incubando.
Es el momento de enfrentarnos valientemente a nuestras propias sombras, no para vencerlas sino para integrarlas. Para hacer de ellas el comienzo de una mayor luz en lugar de una oscuridad.
Pero si de lo único que pueden pensar es de las consecuencias funestas para su propia vida y la reflexión acerca del país no les suena pertinente, entonces estamos ya perdidos. Y si están imaginándose ese futuro espantoso, como si fuese inevitable y no pudiésemos también luchar por transformarlo, entonces también estamos ya perdidos. Pues no seremos capaces de construir un país nunca si lo que preferimos a luchar por él es entregárselo a las manos de un pasado vergonzoso. Nunca podríamos hacer eso si nos quedase aunque sea una pizca de dignidad.
Aquí lo que se libra no es una batalla pragmática o económica o material, sino el futuro del alma de nuestro país, el futuro de nuestros hijos y de sus hjijos.
La única forma en que podremos salir adelante más allá de Humala, es si comenzamos a cultivar las cosas que hemos olvidado como pueblo: el respeto y amor por el otro, la necesidad de escuchar y ayudar al más necesitado porque su necesidad es también la nuestra, y así tantas cosas que tienen que ver con ser verdaderamente justos y democráticos.
Es lamentable que estemos donde estemos. Pero no podemos negar el hecho. No hay nada peor que un pueblo que no sabe escuchar lo que el pueblo mismo le dice. Estos dos meses que tenemos por delante deberian ser un período por el cual llegar a una conciencia más democrática. Aprendamos a escucharnos sin dejar que nuestros prejuicios nuestro egoísmo nos impidan ver que detrás de muchas de esa voces hay un deseo igual al nuestro, de mejorar las condiciones de vida de nuestro pobre país. Porque así, gane quien gane, estaremos reforzados por la voluntad de crecer juntos como nación, que es en realidad lo único que nos hará grandes.


Sé que mis comentarios sonarán un poco radicales, pero creo que nunca nos hemos puesto a pensar si es que la democracia no es un concepto abstracto, venido de occidente y que pueda resultar poco compatible con la manera de ver el mundo de la mayoría de peruanos. Porque los resultados nos hablan de dos opciones muy autoritarias y siempre nos hemos indignado ante esas posibilidades, pero parece ser lo que los demás quieren algo así. El problema quizá no sea ahora hacia dentro del país, sino hacia afuera. ¿Cómo lograr un equilibrio con el sistema mundial si tenemos esta forma de entender el gobierno?