“Grupos densos de ondas de radio salen de nuestro planeta cada segundo. Nuestros mensajes y capturas fotográficas, comunicaciones íntimas u oficiales, transmisiones televisivas y mensajes de textos, se dispersan de la tierra como anillos formando una arquitectura tectónica de los deseos y miedos de nuestros tiempos. En unos cuantos cientos de miles de años, formas de inteligencia extraterrestre podrían revisar nuestras comunicaciones inalámbricas. Pero imagínense la perplejidad de aquellas criaturas cuando se pongan a mirar de verdad el material. Porque un gran porcentaje de las imágenes inadvertidamente enviadas al espacio profundo, es en realidad SPAM. Cualquier arqueólogo, investigador forense o historiador —en este mundo o cualquier otro— lo mirará como nuestro legado y nuestra imagen, un retrato real de nuestros tiempos y de nosotros mismos. Imagínense una reconstrucción humana de alguna manera hecha de estos despojos digitales. Es muy probable que parecería una imagen de SPAM” (http://www.e-flux.com/journal/the-spam-of-the-earth/)
Si nuestra cultura fuera un cuerpo, el diagnóstico sería el de un cáncer terminal. Sufrimos de una metástasis de SPAM. El hecho que registra el comentario del especialista en, me hace pensar en la densidad de la experiencia de nuestra época digital, que, como cultura, estamos viviendo todos tan inconscientemente; y me hace pensar en la necesidad urgente de empezar a mirar lo que estamos haciendo, de verlo con una nueva mirada, para poder reaccionar. Pepe Mujica lo dice mejor, en el discurso que dio en la ONU hace unos días: “lo que necesitamos es un cambio brutal de actitud.” (https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=2SNoMuNSNJI=)
Ese cambio brutal requiere, en primer lugar, empezar a hablar de otra manera, a cultivar una escucha por otro discurso que el que escuchamos todos los días y que no hace más que perpetuar nuestro entumecimiento. Por eso, ayer, cuando leí un comentario que @elvisocc le hizo a mi elogio al discurso del gran Pepe Mujica, que era “puro verso” (que yo interpreté como, “palabras de puro sentimiento, pero sino valor práctico”), quise decirle que solo empezando a hablar diferente podremos empezar a mirar de nuevo; que solo escuchando otro tipo de palabras, podemos empezar a ver con nuevos ojos lo que nos está pasando, y reaccionar.—

